jeezvanilla

001: SLIDING DOORS

Adriana Bellet2 Comments

I used to enjoy walking down Madrid's avenues at dusk, when the heat is more bearable and the streets become even more alive. always so busy, so noisy, so... ready.

And then there was Stockholm. A city build in the water, filled with nature; calm, quiet and collected. Moving from Spain to Sweden turned out be quite the culture shock. I mean, when we first decided to move to Stockholm (on what was to be our fourth major country move), I was hoping for a "sliding doors" effect. You know, that kind of easy uprooting in which one day you are in a country and the next you are settled down somewhere else. But Sweden doesn't sell itself that cheap.

Stockholm is a city that, while wonderful and enjoyable for a short visit, when living in it it demands time, dedication and love before it begins to truly let you in.  It's not only the unknown language. It's also the different rhythm that Swedish culture seems to beat at. Life is peaceful, friendships come slowly and the weather commands seasons, moods and social interactions. So Stockholm begs the newcomer for a slight recalibration. It forces you to change to adapt, and only then it shows you its most beautiful side.

During this long period of quietness I've learned the ropes of the city, picked up a new language and joined a gym (if you knew me before, you will understand the grandioseness of these last words!). I have also eaten many cakes, drunk way too much coffee and made great friends to share both with.

And along the road my work has also evolved. Slowly the ceramics took a second place to allow the purely illustration work to move forward, and the style unfold to give way to new interests and inspirations. And just like that 531 days have passed and the door eventually did slide.So welcome to the new JeezVanilla. I hope you like what you see. 

 

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Era al atardecer, cuando el calor finalmente te daba un respiro y las calles se llenaban de gente que ni iba ni venia, que simplemente estaba, cuando madrid realmente me gustaba. la capital siempre tan ajetreada, tan ruidosa y tan... dispuesta.

Y luego llegó Estocolmo. Una ciudad construida en el agua, rodeada de naturaleza; bella, tranquila e imperturbable.

Cuando decidimos ir a vivir a Estocolmo (en la que sería nuestra cuarta mudanza de país), una cierta arrogancia o ingenuidad me hizo esperar una expatriación a lo "puertas correderas": hoy estoy aquí y mañana estoy felizmente asentada en otro país.

Pero Suecia no se vende tan barata. Estocolmo es una ciudad que,  aunque encantadora para una corta visita, exige a sus habitantes tiempo, dedicación y amor antes de realmente abrirles sus puertas.

No se trata solamente del indescifrable idioma. Es el diferente ritmo al que la cultura sueca parece pulsar. La vida es sosegada, las amistades llegan lentamente y el tiempo es amo y señor de estaciones, humores e incluso de la manera en que la gente se relaciona. 

Estocolmo pide al recién llegado una cierta recalibración. Cambio a cambio de adaptación. Y es tan solo entonces cuando la ciudad te muestra su lado más encantador. 

Durante éste largo periodo de hibernación, me he hecho con la ciudad, he aprendido un nuevo idioma y me he apuntado al gimnasio (los que me conozcan de hace tiempo apreciarán la grandiosidad de dicho hecho!). También he comido numerosos pasteles, bebido cantidades ingestas de café y he hecho buenos amigos felices de compartir ambos vicios. 

Y durante el camino mi trabajo también ha evolucionado. Poco a poco las cerámicas tomaron un segundo lugar para dejar paso a la ilustración pura y dura. Asimismo el estilo se fue expandiendo para reflejar nuevos intereses e inspiraciones. 

Así pasaron 531 días y en algún momento la puerta corrediza se abrió. Bienvenidos a la nueva JeezVanilla. Pasen y vean.